Marco Osio, El Alcalde.

Marco Osio, El Alcalde.

Otra entrega más de René Descartes, descartes irracionales.

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Marco fué uno de esos jugadores que pese a no haber disputado ningún partido con su selección, encandiló a la afición italiana a finales de los 80 y principios de los 90, sobretodo a la del Parma A.C. quien le tuvo bajo su disciplina durante 6 temporadas, posiblemente las mejores de su carrera deportiva.

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En el contexto actual, donde prevalecen los récords estadísticos y la venta de camisetas, el alcalde hubíese pasado sin pena ni gloria por los anales del fútbol; pero Marco (de posición, centrocampista ofensivo) era un jugador que destilaba sacrificio, abnegación, siendo el máximo componente del pundonor allí donde jugó.

Formado en las categorías inferiores del Torino, donde se foguea en la máxima categoría del calcio italiano y comienza a labrarse un nombre dentro del elenco de jugadores del Toro, una arena muy disputada.

En el año 1986 el Empoli, club toscano, logra casi de sorpresa el ascenso a la Serie A y Marco llega cedido para disputar la que para muchos es la primera temporada donde demostró su valía y las cualidades previamente mencionadas. El Empoli logra mantener la categoría, lo que para muchos parecía una quimera, y el aporte del sindaco es notable con 17 partidos y el buen juego desplegado.

El Parma se hace con sus servicios en la temporada 1987/88, para aquel entonces el club de Emilia Romaña militaba en la Serie B y aún no había disputado ninguna temporada en la división de honor del fútbol italiano; era un club ambicioso y en aquella época comenzó a sembrar los frutos que recogería años más tarde en su era más excelsa. A medida que pasan los años Marco se transforma en una pieza esencial de los esquemas del club parmesano y se gana el respeto y cariño de los tifosi a base de esfuerzo, dedicación y trabajo; finalmente, en la temporada 1989/90 comienzan a florecer esfuerzo y sacrificio y el Parma A.C. llega por primera vez en la historia al máximo escalafón del fútbol italiano, la Serie A.

Con todos los números para descender en su primera temporada dentro de las predicciones realizadas por los analistas italianos, el Parma logra sorprender a los grandes de la Serie A, derrotando al mismísimo campeón, al Nápoles de Maradona en el Ennio Tardini y no solo logra mantener la categoría, si no que se cuela entre los 6 mejores del campeonato, dándole derecho a disputar competiciones europeas la temporada siguiente. Aquel jugador con barba y pelo largo salido de las categorías inferiores del Torino se había transformado en un titular indiscutible del equipo parmesano.

En la temporada 1991, un año después de su primer ascenso, el Parma consigue su primera Coppa Italia tumbando a la Juventus en la final, toda una gesta y más teniendo a cuenta que la final se jugaba a dos partidos, por ende mucho más cuesta arriba para un equipo técnicamente inferior.

Éste ascenso meteórico y la llegada del primer trofeo de renombre a la ciudad ducal elevan a la categoría de ídolo a Marco Osio y es a partir de éste momento cuando se gana el sobrenombre de sindaco (alcalde) por parte de la hinchada parmesana. No contentos con haber logrado ganar su primera Coppa Italia y de abrirse hueco entre los grandes clubs del calcio italiano, el Parma comienza a hacer oir su nombre en Europa y pone a su ciudad en el mapa del espectro futbolístico el año 1993, cuando levanta la Recopa venciendo al Royal Antwerp belga en el viejo Wembley.

La 1992/93 fué la última (e incomprensible) temporada del idilio Marco Osio - Parma, el jugador que se había ganado el favor y el cariño de la afición, el jugador que no tuvo ninguna ínfula, dejaba la disciplina de un club al que había ayudado a afianzar como uno de los nuevos grandes de Italia.

Echando mano del refranero español, la cabra siempre tira al monte y Marco recala en Turín para jugar en el club donde había dado sus primeros pasos como futbolísta durante dos temporadas, pero fué perdiendo su brillo y esencia paulatinamente. Cerca de los 30 años ya no era un jugador, como lo fué en su momento, llamativo para otros grandes equipos de la Serie A como Juventus, Milan o Lazio y a final de la temporada 1994/95 toma una decisión muy en línea con su personalidad. Gracias a las redes de contactos que cualquier jugador establece durante sus años en activo, firma por el Palmeiras de São Paulo, club de tradición italiana y patrocinado en aquel entonces por Parmalat.

Coincide en un vestuario con Cafú, Roberto Carlos, Flávio Conceição y Rivaldo, siendo uno de los pocos italianos que ha disputado el Brasilerão en la época moderna. Pese a que su llegada fué sorpresiva, ya que en el apartado técnico, esperaban otro perfil de jugador, el sindaco se adaptó a un fútbol que le recordaba aquel donde había logrado aportar más sus cualidades, un fútbol de toque y técnica, lejos del táctico y físico. Se puede tambien afirmar que el Campeonato Paulista del 1996 fué su último entorchado profesional y que tal vez en tierras brasileñas es dónde más se disfrutó de sus últimos aportes al más alto nivel del balompié.

Tras una temporada en el Palmeiras, vuelve a Italia pero esta vez fichando por equipos de divisiones inferiores, a otro nivel, hasta colgar las botas en el 2001.

Éste artículo es un homenaje a todos los jugadores que como Marco Osio, no se ganaron un espacio en el corazón de la hinchada por estética, talonario ni por estadísticas perfectas, si no, por trabajo y dedicación.

¿Conoces a otro jugador del mísmo perfil? ¿Viste jugar a Marco? Esperamos tus comentarios más abajo, solo tienes que deslizar la pantalla, no es necesario registro.

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