Luís Oliveira, Lulù

Luís Oliveira, Lulù

Otra entrega más de René Descartes, descartes irracionales.

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Oriundo de São Luís, estado Maranhão, al norte de Brasil, Luís nació en el seno de una familia muy humilde y como otros futbolístas compatriotas, se rebuscó desde bien joven para salir adelante.

Llega a Bélgica en 1985 con 16 años, país al que más tarde representaría internacionalmente como futbolista, para entrar en las categorías inferiores del Anderletch. La melancolía fué una traza importante durante sus primeros años en Europa, ansiaba recibir noticias de su país o ver la televisión brasileña en Bruselas. Poco a poco se fué ganando el favor de los directivos del club Paars-wit; su principal valedor fue su entrenador cuando jugaba en el equipo reserva , que frenó la salida del mejor Marabelga de la história para que se foguease en otros lares consiguiéndole minutos en el primer equipo, donde logró despuntar muy rápido.

Su nombre comenzó a ser referencia habitual en las libretas de muchos ojeadores del continente Europeo y un día, Massimo Cellino, dirigente del Cagliari Calcio, aterriza en Bruselas para llevárselo a tierras sardas. En Cagliari todo le recuerda a Brasil, el mar, la playa, el calor de la gente.

Sus años en Bruselas le dieron a su mujer, le hicieron crecer como futbolísta y tambien le sirvieron para aprender francés, curiosamente la lengua de los fundadores de su ciudad natal. Ese recurso linguístico le sirvió además para entrar en la dinámica de los rossoblù bajo el brazo de Enzo Francescoli, el príncipe, ídolo charrúa, que tras su periplo por París y Marsella ayudó a Lulù en su adaptación.

De su etapa en Cerdeña se le recuerda, más allá de por haberse ganado el favor de los tifosi del casteddu, por sus rifirrafes con Carlo Mazzone, un entrenador chapado a la antigua que lo criticaba por su corte de pelo, forma de vestir o hasta por llevar unos botines fosforescentes en vez de unos menos llamativos.

Temporada 93/94, los de Mazzone con Oliveira el ataque, logran acariciar una final de Copa de la UEFA, siendo privados del premio por el Inter de Milán, que despertó a todos los aficionados del Cagliari levantando el 3 a 2 de la ida a favor de los rossoblú.

Tras cuatro años en la isla mediterránea, a Luís le llega una oferta de la Fiorentina para completar su tridente de ataque con Batistuta y Edmundo.

Con I Gigliati logra ganar su única gran competición en Italia, la Supercoppa Italiana de 1996, tumbando a un grandísimo Milan bajo la batuta Oscar Washington Tabárez (actual entrenador de la selección uruguaya) y con grandísimas figuras en el verde como Baresi, Maldini y Weah.

Su obsesión en la Fiorentina era cómo ponerle los balones a Batistuta para que marcara gol, no por ello se privó de marcarlos él mismo. En el club viola estuvo a punto de alzarse con la Serie A en la 98/99, donde la Fiorentina fué campeona de invierno pero acabó cayendo hasta el tercer puesto al final de la temporada.

Tras su paso por la Fiore, Lulù dejó su huella en varios equipos del calcio italiano, en casi todas las categorías del fútbol profesional.

A destacar la temporada 2001/02 en el Como, donde consiguió no sólo el capocannoniere en la Serie B si no, el ascenso de i Lariani a la Serie A, el último gran vuelo de un club con más de 100 años de história.

¿Viste jugar a Luis? ¿Alguna anécdota que compartir? Esperamos tus comentarios más abajo, no es necesario registro.

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