Laurie Cunningham

Laurie Cunningham

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En la antigua ciudad deportiva, del Paseo de la Castellana, se decía allá por 1979 que la alegría y la grandeza del club se estaba perdiendo. El Madrid del "Presi" De Carlos andaba mustio y escaso de potencial económico para competir con los grandes de Europa, tiempos muy distintos a los de ahora. No llegaban jugadores de gran calibre y la afición andaba con la mosca detrás de la oreja. Así que el presidente se metió en un "lio" y se fue a tierras británicas a buscar a uno de los jugadores más prometedores de las islas.


Laurie Cunningham llevaba ya unas campañas jugando a un gran nivel en el West Bromwich, donde junto a Cyrille Regis y Brendon Batson, formaron parte del segundo equipo inglés en alinear tres jugadores negros en el once inicial.
Con Regis formó una dupla de ataque mortífera, que Ron Atkinson supo aprovechar, dando especial importancia a las jugadas de contraataque, sacando máximo partido a la endiablada velocidad de estos.
Le vi por primera vez en un partido contra el Mancehster United jugado en el mítico Old Trafford. Era Diciembre, con un frío de pelar ahí estaba yo dándole patadas a un balón contra la pared y en esas me llama un vecino, que si quería subir a su casa a ver un partido de fútbol.
Evidentemente no rechacé la invitación, aún no sabiendo quienes iban a jugar. No importaba en realidad, el calor de la chimenea y los dulces navideños, también fueron factores mas que convincentes.


Le pregunto: ¿Quienes juegan?

¡Pues el Manchester United! ¿No los conoces?-me contesta.


Me quedé como si nada, pues en aquellos tiempos mi horizonte futbolistico no iba mucha más allá del Benfica, Porto y Sporting.


¡Estos fueron los que nos ganaron en la final de la Copa de Europa en el 68! - me decía, en referencia a la final perdida por el Benfica ante los "Red Devils".


Recuerdo que me llamaron rápidamente la atención las cabalgadas de Cunningham, que volvió loco a toda la zaga del United.
Cambios de ritmo endiablados, regates secos y zancada de gran desborde, una potencia física exuberante, vamos, que lo tenía todo. Fue una victoria en el Teatro de los Sueños, de un equipo y de un jugador, que estaban predestinados a separarse.
Laurie estaba llamado a volar mas alto.


Fueron 195 millones de pesetas, (el fichaje mas caro del Madrid hasta esa fecha) y el compromiso de jugar un partido amistoso con el West Brom, lo que necesitó De Carlos para llevárselo a Chamartin. Tal dispendio llevó a la directiva a admitir que en las próximas 2 o 3 temporadas, no harían otra gran inversión para traer a otro jugador y que se conformarían con tirar de cantera.
Su aporte en el Madrid fue de más a menos, el punto álgido llegó en un clásico en el Camp Nou. Sacó todo su repertorio de jugadas para dejar a todos los presentes con la boca abierta.

Sus zancadas por la banda, destrozaron la defensa culé, que andaba "grogui" y sin rumbo detrás de la camiseta 11.
Quedó grabado en la retina de todos aquél salto potente en el área en el que Laurie se eleva, llegando con la rodilla hasta la altura del hombro del defensa barcelonista, toda una demostración de potencia.
Tanto fue así, que la grada se tuvo que rendir a tal desempeño de elegancia futbolistica. Es el último jugador del Real Madrid que recuerdo, haber salido entre aplausos del coliseo blaugrana.
Laurie le devolvía la sonrisa a un madridismo, que añoraba las épocas doradas de reinado en la Copa de Europa.
Lamentablemente la estrella de Cunningham se fue apagando, en parte por las lesiones. Una fractura en el dedo del pie que nunca se terminó de soldar bien, lastró su carrera.
El jugador empezó a ser portada de los periódicos por factores extra-deportivos. Sus salidas nocturnas, rememorando los bailes en sus inicios en el Leyton Orient, empezaron a preocupar a la directiva, que comenzó a plantearse seriamente la continuidad del jugador en la entidad blanca. El hecho de que el club tuviera problemas para fichar y la necesidad de tener un ídolo para una afición ansiosa por volver a las noches de gloria europea, le sostuvieron cuatro temporadas en el Bernabéu.


El madridismo soñaba con la ansiada séptima y en la temporada 80-81 con una plantilla confeccionada mayoritariamente por jugadores de la cantera, el yugoslavo Vujadin Boskov tenía ante si el reto, que todo entrenador del Real Madrid debe afrontar una vez en el cargo. Ganar la orejona.


Era el Madrid de "los Garcías", en alusión a la cantidad de jugadores con este apellido en la plantilla, unido a otros ilustres como Miguel Angel, Camacho, Stielike, Juanito, Del Bosque y Santillana.
A base de trabajo y mucho esfuerzo, señas de identidad de Boskov, el Madrid alcanzó la tan ansiada final después de una semifinal a "cara de perro" frente al Inter de Milan donde el conjunto español aguantó el resultado de la ida con bravura y gran pundonor, saliendo de San Siro bajo una lluvia de objetos.


Y llegó el día, un 27 de Mayo de 1981, en un palco digno de las grandes noches europeas. El Parque de los Príncipes de París. En frente el todopoderoso y favorito Liverpool, de los Souness, Dalglish y  Hansen, esparaban a los hombres de Vujadin Boskov,


Los merengues llegaban a una final de la Copa de Europa después de 15 años y toda la ilusión que esto generó entre la afición, se transformó en un exceso de responsabilidad para una plantilla de jugadores sin experiencia en finales europeas. Un equipo duro y rocoso y muy solido en defensa. Atributos que realmente solo les valía para andar por casa. En Europa la historia era diferente.


Cunningham se recuperó a tiempo para poder jugar la final. Salió al campo con su dorsal número 11 y con la elegancia que le caracterizaba, pero su juego ya no era el mismo. Su actuación pasó casi desapercibida así como el del resto de jugadores, a sabiendas de la superioridad del rival.
De repente cuando todo parecía que sería pan comido para los ingleses, Camacho contó con la gran oportunidad del partido. Completamente solo ante el portero "Red" le tira una vaselina que se fue demasiado alta. No hubo mas noticias del juego ofensivo del Madrid, que solo se limitó a aguantar las embestidas inglesas.

Y en una de esas García Cortés falló en un despeje dejando el balón en bandeja para que Alan Kennedy "fusilara" a Agustín.
Era el fin de un sueño y los blancos tuvieron que esperar por la séptima hasta la temporada 1997-98.
Cunningham se quedó hasta la temporada 82-83, donde después comenzó un periplo por equipos de Inglaterra, Francia, España y Bélgica, sin mucho éxito.

En su última parada en España representó al Rayo Vallecano con el que consiguió el ascenso a primera, club que representaba cuando perdió la vida en un accidente de coche a la edad de 33 años.

Ligas, Copas del Rey, Copas de Inglaterra, son apenas trofeos de una carrera, marcada por logros aún mayores. Fue el primer jugador negro en ser convocado a selección sub-21 de su país, y el segundo en debutar en la absoluta después de Ben Odeje en 1971.


Laurie será recordado por siempre junto a Cyrille Regis y Brendon Batson, como los iconos de la lucha por la igualdad racial, así como los pioneros en abrir las puertas del fútbol a los jugadores negros en tiempos en que estas se encontraban cerradas.
Numerosos homenajes se han hecho en honor al delantero británico, que han hecho que su figura transcienda lo meramente futbolistico.
La estatua de los "Three Degrees" presente en el "New Square" de West Bromwich, nos recuerda que Laurie, Cyrille y Brendon, llegaron a la cima porque se negaron a normalizar la injusticia y la discriminación. Fueron victimas, pero la resistencia y la tenacidad les forjaron como héroes, que inspiraron a otros y dejaron el mensaje de que vale la pena luchar.

Esos fueron sus trofeos y el de todos.

Os recomiendo este documental acerca de su figura, a través de los comentarios de aquellos que le vieron o jugaron a su lado.

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