Eusébio, la Pantera de Mozambique

Eusébio, la Pantera de Mozambique

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Si bien nunca jugó en España, Eusébio fue el gran sueño de Santiago Bernabéu, que intentó llevárselo para Chamartín sin éxito. En tiempos de regímenes totalitarios Salazar le declaró patrimonio de estado y para los portugueses se quedó como el jugador del pueblo.

Eusébio nos dejó en un día de domingo, un domingo como sus domingos de fútbol, de campos abarrotados para ver su insigne figura.

Fue, en un domingo para llorar, un domingo para recordar que llorar a Eusébio es un llanto, no solo de lamento sino también de alegría nostálgica por hacernos soñar, vibrar de emoción, creer en que si uno quiere todo reto es alcanzable. Su aura de mito perdurará infinitamente.

Conocer al ídolo que nunca vi jugar en directo superó todo mi imaginario de jugadas, regates, goles y celebraciones. En una tarde de Junio en un campo de tierra apareció y allí se sentó en medio de 14 chicos que incrédulos veíamos que el mito, la leyenda era real, allí estaba sentado con aire pausado y tranquilo.Miraba alrededor suyo y sus ojos desprendían cariño y ternura por unos mocosos que vivíamos el sueño de ser Eusébio.

El niño de pies quemados por las cálidas tierras africanas, pateando una pelota hecha de trapos, hizo realidad su sueño. Nos dejó soñar su sueño, con jugadas imposibles, goles increíbles ideario de poesía futbolística.

Cuando el fútbol se jugaba los domingos y se escuchaba en la radio, cada uno imaginaba su partido. Pero Eusébio era Eusébio por más que inventáramos jugadas y goles, en la realidad Eusébio era más grande, una figura inalcanzable morador del Olimpo.

Me contó mi abuelo que verle jugar era como ver la perfección del deportista completo, un artista que ejecutaba a la perfección el arte del fútbol. Decía Mario Coluna que su cuerpo tenía la belleza de una escultura renacentista.

Era el prototipo de jugador ideal. Estilizado, felino en sus movimientos, ganador insaciable, elegante y respetuoso con sus rivales. La figura de ébano paradigma de proporción áurea.

El halo de mística que envolvía su figura traspasó generaciones, sobrevivió a diferentes regímenes, porque Eusébio no fue sólo fútbol. Fue pasión, ilusión, sonrisas, lágrimas, fue el sueño de muchos y el ejemplo para todos.

Eusébio se fue en un domingo, un domingo de fútbol. No podía ser de otra forma.

Bota de Oro en el Mundial de 1966 con 9 tantos

Del Mundial de 1966 quedó para la historia una de sus gestas más grandes. En un partido en que Portugal perdía por 3 a 0, Eusébio se echó equipo a la espalda y protagonizó una de las remontadas más espectaculares que se dieron en un mundial. Marcó cuatro goles. Hito que sólo fue igualado por Butragueño en el Mundial de México 86, en un célebre partido contra Dinamarca en una tarde de verano en Querétaro.


Aquí podéis ver las imágenes del Portugal 5 Corea del Norte 3.

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