Comunión J-League y Brasil

Comunión J-League y Brasil

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Entre las peculiaridades del fútbol internacional, hay una que me ha llamado la atención investigar: La comunión existente entre la J-League y los jugadores brasileños.

En 1992 se creó la J-League, por aquel entonces las diferencias entre clubs no eran tan abismales como hoy día y en las ligas europeas cualquier club podia contratar a jugadores extranjeros en proyección; cabe recordar, como ya comenté en el artículo sobre Gica Hagi, que antes de la ley Bosman (1995) los clubes españoles tenían permitido a un máximo de 3 jugadores extranjeros sobre el cesped. Eso disminuía las contrataciones y volúmen de movimientos internacionales, de ahí a que muchos consideren ésta ley como un punto de inflexión en la história del fútbol moderno.

Ante esa coyuntura y teniendo en cuenta la crisis económica por la que pasaba Brasil, era factible que algunos jugadores de renombre recalaran en el país nipón antes de dar el salto a grandes ligas, a destacar el caso de Djalminha y su paso por el Shimizu S-Pulse en 1994 (entrenado por Rivellino, icono paulista, "O Rei do Parque") antes de llegar al Deportivo de La Coruña.

Japón no es conocido globalmente como un país particularmente abierto a foráneos y a la inmigración en general, pese a ello, los futbolístas que allí recalan disfrutan de ciertos beneficios sociales, ya de por sí parcialmente justificables por su naturaleza de deportistas de élite pero incentivado desde la misma estructura del club para fomentar su llegada. En otros deportes con gran número de seguidores y con deportistas extranjeros en territorio nacional, como el sumo o el beisbol, se pone más énfasis en la adaptación a la cultura local y al demostrarlo con infinidad de áctos públicos.

Los ejecutivos de la J-League, en su ambición de mejorar los prospectos futbolísticos de su país atrajeron a grandes talentos europeos y latinoamericanos, particularmente brasileños, con jugosos salarios sin parangon para muchos de ellos que en la mayoría de casos, ya estaban aportando sus últimos minutos al deporte rey. No por ello dejó de ser un movimiento infructífero ya que tanto el juego de su selección como el de sus jugadores locales ha mejorado paulatinamente hasta llegar a ser un combinado respetado en el continente asiático, con la mayoría de sus jugadores en ligas extranjeras.

Desde la llegada de Zico (Kashima), Careca (Kashiwa), Leonardo (Kashima), Bebeto (Kashima) y Dunga (Jubilo) se cuentan por cientos los jugadores brasileños que han pasado por Japón, de entre los mencionados, Zico es la piedra angular sobre la que se cimienta esta simbiosis, tras su retiro como jugador, comenzó a entrenar en el país nipón llegando a hacerse cargo de la selección japonesa de fútbol.

De esas sinergías llegan los primeros jugadores brasileños nacionalizados (Wagner Lopes y Alex Santos) para jugar con el combinado nipón y por cuestión estadística (uno de entre tantos), jugadores que adquieren renombre tras su paso por la J-League; a destacar el caso de Hulk, que llegó a militar en la segunda división japonesa antes de fichar por el Oporto portugués.

Lejos de ser un transvase unidireccional de jugadores, existen honrosas excepciones previas a la instauración de la liga profesional de fútbol en Japón como Kazu Miura, un extraordinario caso que llegó a Brasil en plena adolescencia para labrarse un futuro como futbolista profesional, llegando a disputar partidos con equipos históricos como Palmeiras y Santos y que aún está en activo; posiblemente el vínculo más fuerte entre ambos países en su momento al tratarse de un caso mediático y de una eminencia futbolística en su país natal.

La simbiosis deportiva entre ambas federaciones sigue estando activa y pese a que es muy dificil que se repitan casos como los de Djalminha y Hulk, sobretodo teniendo en cuenta la cantidad de ojeadores de grandes clubs en el continente americano; es indiscutible que para muchos jugadores brasileños ofrece una oportunidad exótica de destacar a un nivel competitivo y para los jugadores locales un aliciente mejorar el nivel de juego a la hora de foguearse que ya ha dado sus frutos (participaciones en Mundiales, victorias en Copas Asiásticas y acudir como invitado en varias ocasiones a Copa América).

Queda demostrado el éxito en la gestión de la federación japonesa y de los ejecutivos de la J-League, que siguen atrayendo a talentos globales de la élite balompédica y cuyo modelo han asimilado otras ligas en el conteniente asiático como la Superliga China.


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